Viernes, Marzo 6, 2026

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Las reacciones que dejó la “Operación Martillo  de Medianoche”

El bombardeo de Estados Unidos a instalaciones nucleares en Irán, en una ofensiva conocida como “Operación Martillo de Medianoche”, generó un rechazo transversal desde Medio Oriente hasta América Latina. Mientras Washington y Tel Aviv celebran el operativo como un “éxito estratégico”, potencias como Rusia, China y Chile acusan una grave violación al derecho internacional. La causa palestina, en tanto, queda relegada en un tablero cada vez más tenso.

La madrugada del pasado sábado, Estados Unidos atacó tres instalaciones nucleares en territorio iraní (Fordo, Natanz e Isfahán) en coordinación con su flota en el Golfo Pérsico y aviones de largo alcance. Fue la acción más contundente contra Irán en décadas, y fue justificada por la administración Trump como un paso necesario para “impedir que Teherán acceda a un arma nuclear”.

El bombardeo ocurrió solo una semana después de que Israel iniciara su propia ofensiva aérea sobre objetivos militares iraníes, bajo el argumento de que el programa nuclear de Teherán representa una amenaza existencial. En respuesta, Irán lanzó misiles contra zonas civiles y militares israelíes, en una espiral de ataques que ha encendido las alarmas de la comunidad internacional.

Las primeras declaraciones tras el operativo reflejaron la fractura geopolítica que se extiende por los continentes. António Guterres, secretario general de la ONU, condenó la acción y alertó sobre el riesgo de que la región “se salga de control” y provoque consecuencias “catastróficas” además pidió a las potencias volver a la diplomacia y respetar la Carta de Naciones Unidas.

Desde Rusia, la condena fue inmediata. El Ministerio de Exteriores calificó el ataque como una “decisión irresponsable” que vulnera la soberanía de un Estado. Dmitri Medvédev fue más duro: acusó a Trump de abandonar cualquier aspiración de paz y revivir una lógica de guerra que podría escalar rápidamente.

China también manifestó su rechazo, afirmando que las acciones de Washington deterioran aún más la estabilidad regional. Desde Pekín, se pidió un alto al fuego inmediato y se hizo un llamado a todas las partes, con énfasis en Israel, para evitar una catástrofe humanitaria. China se mostró dispuesta a mediar y recordó que la única vía sostenible es la negociación.

En Medio Oriente, países como Arabia Saudita, Catar, Omán y Egipto pidieron contención. Aun siendo aliados históricos de EE.UU., varios de ellos advirtieron que el bombardeo podría “deslizar a la región hacia el caos”. Líbano, por su parte, expresó su temor por una escalada regional con múltiples frentes abiertos, mientras que grupos como Hezbolá y los hutíes han anunciado que no permanecerán pasivos ante una nueva agresión contra Irán.

Europa no tuvo una posición unánime, pero sí compartió la preocupación por la posible escalada. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, reiteró que Irán no puede obtener armas nucleares, aunque pidió retomar el diálogo. Desde el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer respaldó a Trump, aunque llamó a encontrar una salida diplomática.

América Latina mostró un bloque crítico. Chile, Bolivia, Cuba y Venezuela coincidieron en condenar el uso de la fuerza por parte de Estados Unidos. El presidente Gabriel Boric calificó el ataque como una violación del derecho internacional humanitario y recordó que el poder no autoriza a ningún país a “pasar por alto las reglas que la humanidad ha construido colectivamente”.

Mientras el mundo se divide entre quienes respaldan y rechazan la ofensiva, Palestina vuelve a quedar al margen. La cumbre multilateral que se realizaría en Nueva York para discutir el reconocimiento de un Estado palestino fue suspendida, y el primer ministro israelí reafirmó que no cesará su ofensiva sobre Gaza. Las organizaciones humanitarias advierten sobre una crisis sin precedentes, pero la atención internacional se ha volcado completamente hacia Teherán.

En una escena global cada vez más polarizada, la “Operación Martillo de Medianoche” tensiona alianzas, debilita los marcos multilaterales y pone en pausa los esfuerzos por la paz en Palestina. Mientras Washington y Tel Aviv celebran una victoria táctica, la comunidad internacional enfrenta un dilema mayor, cómo frenar una escalada que puede arrastrar al mundo a una nueva era de confrontación abierta. Por ahora, el costo lo pagan las víctimas invisibles de un conflicto que ya no respeta fronteras ni prioridades.


Foto: Extraída de latinta.com

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