Viernes, Marzo 6, 2026

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La supervivencia del migrante

“Los delincuentes que se encuentran en Estados Unidos sin autorización serán entregados al  ICE. Debemos detener el ciclo de violencia y delincuencia que algunos gobiernos locales  están permitiendo”, declaró el gobernador Glenn Youngkin. “Virginia no es un estado  santuario, y debemos ser claros: no permitiremos que las localidades se conviertan en  ‘ciudades santuario’. Si los gobiernos locales les dan la espalda a sus ciudadanos para  favorecer a los grupos proinmigrantes sin autorización, les cortaremos la financiación”.

12 de diciembre del 2024.

La mañana estaba fría. Eran las seis, y la casa se movía con el ajetreo de un comienzo de  semana cualquiera. Los niños se arreglaban para ir a la universidad, el auto se calentaba en  el estacionamiento, la cafetera hervía el agua y la espumadora batía la leche mientras la  calentaba. 

Todo parecía en orden, como siempre. Una familia tranquila, en plena rutina.

Aura, la madre, tomó el teléfono como cada mañana. Normalmente, a esa hora leía uno de  los mensajes de su hijo putativo, Nixon —que vivía en Venezuela— contándole cómo le  había ido el día anterior. 

Pero ese día fue distinto. El texto decía:

“Me voy a Estados Unidos”.

La sangre de Aura se heló. Con la adrenalina desbordada, bajó corriendo las escaleras y  detuvo a su esposo, que ya estaba a punto de arrancar el auto rumbo al trabajo. Con la voz  quebrada repetía:

—Se nos va. Se nos va.

Aura tenía muchas preguntas, entre ellas, ¿por qué aquella decisión? Pero no fue hasta la  noche de aquel día que se sintió con la entereza para enviarle un mensaje de vuelta.

—No, papi. ¿Por qué no mejor esperamos y te sacamos el pasaporte? Te vienes para acá. No tardó en llegar la respuesta:

—No, mamá, no se puede. La cosa acá se está poniendo fea. Tenemos que irnos ahora. Me  voy con el pasaporte vencido.

Durante varios días, Aura intentó convencerlo. Sin embargo, no hubo forma, Nixon ya había  tomado su decisión. Partió hacia Estados Unidos un día del mes de septiembre. Y con él,  Aura sintió que también se iba una parte de su alma.

Fueron días fuertes, con el terror constante de no volver a saber nunca más de su hijo, o de  verlo a través de esas tantas noticias de fallecidos o desaparecidos. Su hijo reducido a una  mera estadística. Noches en las que Aura solo podía imaginarse las necesidades que estaría  pasando el joven de veintiún años. Siempre esperaba alguna señal por su parte, a veces podían  pasar días sin noticias de él. Aura y su familia se preparaban para lo peor, esperando lo mejor.

Según el informe de la página web de las Naciones Unidas (UN), miles de personas arriesgan  sus vidas cruzando el Tapón del Darién en su intento de llegar a Estados Unidos. En 2023 se  registraron 20% más muertes que en 2022. Es así como este año se convierte en uno de los  más críticos en decesos en la historia del Darién. 

Quince días de una tortura que Aura no querría que nadie pasara. Hasta que llegó el día en el  que Nixon le dijo: 

“Llegamos a Estados Unidos”. Y solo entonces Aura pudo saber la experiencia vivida por  Nixon. 

El Darién

Según el Servicio Nacional de Migración de Panamá, en 2024 cruzaron el Tapón del Darién  302.203 migrantes, una disminución con respecto a los 520.085 registrados en 2023. Estos  datos se reducen de manera constante al 2025. La organización internacional de noticias la  Voz de América afirma que, para enero de este año (2025) los cruces disminuyeron en un  93.8% en comparación con el mismo mes al año anterior. Para el mes de febrero fue del 96%.

Nixon y su novia se levantaron a las cuatro de la mañana para tomar el bus que los llevaría  desde Maracaibo hasta Cúcuta. Ese primer tramo, de Venezuela a Colombia, fue tranquilo.  Casi rutinario. Viajaron en bus hasta llegar a Panamá, donde los esperaba el cruce del Darién:  una selva de 266 kilómetros sin señal, sin mapas confiables, sin leyes. 

Lograron atravesarla en tres días, el tiempo más corto en el que se piensa que se puede cruzar  la selva. Aquello les costó no detenerse nunca, y les salvó la vida en más de una ocasión. 

Dentro del Darién, Nixon comenta que hay mucho fango, humedad. Una vez los detuvieron  y les quitaron sus pertenencias. El grupo con el que viajaban se reducía cada tramo, cada  hora. 

“Es un viaje difícil. Mucho cansancio. Puedes sentir partes de tu cuerpo que jamás habías  sentido antes… la humedad, la tierra… Una de las cosas más tristes del viaje fueron las  familias que viajaban juntas: se perdían, unas veces solo llegaban los hijos, o los padres, o  ninguno en general…

Había una familia que estaba cruzando el río con nosotros. La niña tenía un perro. Se lo llevó  la corriente, la hija intentó salvarlo, pero se fue con él. Los padres se rindieron al poco tiempo  después.”

Fue en el Darién donde Nixon perdió a tres de sus amigos. 

“Habíamos caminado durante horas, pero yo no quería detenerme, quería salir de ahí.  Estábamos agotados, la verdad. Decidimos seguir; ellos se quedaron. 

—Ey, vamos a parar —dijo el amigo. 

—No, tenemos que seguir —insistió Nixon.

—No podemos más, chamo. Hay que parar”

Los amigos de Nixon se detuvieron a descansar bajo un árbol esa noche. Nixon siguió su  camino. No fue hasta que se encontraron, más adelante en su viaje, con otro grupo de  migrantes que les informaron lo que había pasado: Los rodearon, robaron y mataron. Sin  gritos, sin aviso. Solo el silencio posterior.

México

“Dormíamos en plazas”, contó en otro mensaje, “nos asaltaron varias veces por la carretera.  Y luego, llegaron los coyotes”. 

Cuenta que cuando les tocó cruzar la frontera sur entre México y Estados Unidos, fueron  interceptados por un grupo de personas que separaron a Nixon de su novia. 

“No creí que saliéramos de esa, mamá”, confiesa Nixon. 

Les quitaron los teléfonos, la ropa, el dinero en efectivo que traían. Amenazaron con abusar  de su novia.

La impotencia, el miedo. Sentía que no era un humano. “No era una persona, nadie en los  caminos lo es. Yo lo hice, pero no lo volvería a hacer”

Un viaje que, en avión, tomaría poco menos de trece horas, le tomó a Nixon quince días en  total desde Venezuela hasta Estados Unidos.

Al llegar a su destino, la persona que lo recibió dijo: 

“Oye, ¿Cuánto te quedó? Porque te puedes quedar aquí, pero… tienes que aportar, ¿sabes?”  Estados Unidos

Nixon y su novia se acogieron a las políticas de migración después de que se auto deportaran  al llegar a los Estados Unidos. Contrataron un abogado de migración quien los ha ayudado  en su proceso regulatorio como hacen muchos de los migrantes que pasan por los accesos  inhabilitados. 

Hace dos años y unos pocos meses que Nixon vive en el estado de Virginia, que hoy en día  tiene 8.811 millones de habitantes, de los cuales se estima que 275.000 son migrantes  indocumentados. Durante el día duerme, y en las noches trabaja en un restaurante de alitas  de pollo. Diez horas frente a la cocina caliente, marinando y friendo sin descanso.

Es en ese restaurante donde, la noche del 18 de enero, mientras todos trabajaban como  siempre —con la cabeza baja, con el cuerpo en automático— llegó la noticia: Donald Trump  había ganado las elecciones. Y con él, volvía la promesa que muchos temían: una  “deportación masiva histórica”.

Donald Trump es un empresario y político estadounidense. Antes de ingresar a la política,  fue conocido por su imperio inmobiliario y sus casinos. Ingresó al mundo político en el 2015 cuando se postuló por el Partido Republicano y ganó las elecciones al año siguiente frente a Hillary Clinton. Su presidencia de ese año se caracterizó por una polarización ideológica y políticas nacionalistas. Desde sus inicios, Trump ha establecido una narrativa antinmigrante, alimentando los discursos de odio y la criminalización tanto a las personas latinoamericanas  como a musulmanes.

En el discurso inaugural de su nuevo mandato Trump dijo: 

“Ahora tenemos un gobierno que no puede gestionar ni siquiera una simple crisis interna,  mientras que, al mismo tiempo, tropieza con un catálogo continuo de eventos catastróficos  en el extranjero. No protege a nuestros magníficos ciudadanos estadounidenses respetuosos  de la ley, pero sí brinda refugio y protección a delincuentes peligrosos, muchos de ellos  provenientes de prisiones e instituciones psiquiátricas, que han entrado ilegalmente a nuestro país desde todas partes del mundo. Tenemos un gobierno que ha otorgado fondos ilimitados  a la defensa de las fronteras extranjeras, pero se niega a defender las fronteras  estadounidenses o, aún más importante, a su propia gente”. 

Trump ha hablado de crear un ejército especial para sacar del país a millones de inmigrantes  indocumentados. Y Nixon, como tantos otros jóvenes que se entregaron voluntariamente a  Migración con la esperanza de un asilo, se encuentra ahora atrapado en el limbo: sin estatus,  con una orden de comparecencia en mano, y cada día más cerca de ser considerado una  “prioridad de deportación”.

Hoy ya no es el miedo a la selva, ni a los coyotes, ni al silencio de las noches sin señal. Ahora  es el miedo a las redadas, a los toques en la puerta, al cruce de datos entre agencias. 

Cada jornada laboral es un paso más hacia la estabilidad. Y al mismo tiempo, un paso más  cerca de la incertidumbre.

El 15 de marzo de 2025, según publicó el medio El País, el gobierno de Donald Trump  deportó a 238 venezolanos desde EE. UU. a El Salvador bajo acusaciones de pertenecer a la  pandilla Tren de Aragua, recién designada como organización terrorista. Estas deportaciones  se realizaron sin el debido proceso legal, y muchos de los afectados no tenían antecedentes  penales. Los deportados fueron enviados al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot),  una cárcel de máxima seguridad controlada por el presidente Nayib Bukele, quien recibe  $20.000 anuales por cada preso.

Llevaba horas de trabajo cuando tuvo su primer encuentro cara a cara con el terror de todo  migrante: El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos.

“Estábamos trabajando. Fue como a las 12 de la noche”

Nixon relata que entraron sin previo aviso. 

“Nos reunieron a todos en el borde de la pared, nos sentaron en el piso” El corazón latía en  el pecho de Nixon descontrolado, pensando que ese sería el día en el que sería deportado.  “Nos acostaron en el piso con las manos por encima, en la nuca y nos separaron en grupos”. Los que tenían papeles y los que no. Todos dijeron que tenían, pero después vino el muestreo:  donde recopilaron todos los documentos que tenían consigo.

Aquel día se llevaron a 12 de ellos. Nixon no fue uno, pero el terror lo paraliza cada día antes  de salir de casa. En la actualidad, Nixon está en proceso de legalización, pero cuando tiene  un minuto de descanso, ve su techo blanco, su novia embarazada a su lado, recuerda todo lo  que tuvo que dejar atrás, todas las penas que tuvo que vivir para poder tener un techo sobre  su cabeza y se pregunta si el proceso en el que se encuentra será suficiente para que, cuando  llegue ICE, no lo deporten sin previo aviso.

Foto de Nixon junto a su novia a un año de su llegada a los Estados Unidos

Aura, desde la distancia, revive todo. A diario se escribe con Nixon. Le pide que se cuide,  que no se arriesgue, que aguante un poco más. Aura preferiría que viniera a casa con ella,  pero sabe que por el momento no es posible. Tendrá que esperar a que Nixon cumpla con las  normas de migración que establece Estados Unidos, en las que se encuentra permanecer  dentro del país al menos 10 años. 

Aura vuelve a mirar la cafetera, la espumadora, el auto calentándose en el estacionamiento.  Todo parece en orden. Pero no lo está. La línea que separa la normalidad del caos es delgada,  y en cualquier momento, Nixon podría volver a tener que empezar desde cero.

Según informa The New York Times, a pesar de que la sentencia del juez federal fue clara:  el gobierno de Donald Trump no podía utilizar una poco conocida ley de tiempos de guerra  del siglo XVIII para deportar a personas sin audiencia. Y “si algún avión ya estaba en el aire,  dijo el juez, debería dar marcha atrás”. Eso no ocurrió. En su lugar, el gobierno de Trump  envió a El Salvador durante el 15 y 16 de marzo de 2025 a más de 200 migrantes, entre ellos  presuntos miembros de pandillas, en tres aviones. Una revisión de los datos de vuelo  realizada por The New York Times demostró que ninguno de los aviones en cuestión aterrizó  en El Salvador antes de la orden del juez, y que uno de ellos ni siquiera había salido de suelo  estadounidense sino hasta después de que la orden escrita se publicara en internet.

El 19 de abril de 2025, la Corte Suprema de Estados Unidos suspendió temporalmente las  deportaciones de migrantes venezolanos bajo la ley de enemigos extranjeros de 1798, una  medida rara vez utilizada que permite la deportación sin revisión judicial. La administración  de Trump había planeado deportar a presuntos miembros de la banda Tren de Aragua a una  prisión de máxima seguridad en El Salvador. 

Declaración Universal de los Derechos Humanos. Articulo 13:

1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio  de un Estado.

2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su  país.

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