“Los delincuentes que se encuentran en Estados Unidos sin autorización serán entregados al ICE. Debemos detener el ciclo de violencia y delincuencia que algunos gobiernos locales están permitiendo”, declaró el gobernador Glenn Youngkin. “Virginia no es un estado santuario, y debemos ser claros: no permitiremos que las localidades se conviertan en ‘ciudades santuario’. Si los gobiernos locales les dan la espalda a sus ciudadanos para favorecer a los grupos proinmigrantes sin autorización, les cortaremos la financiación”.
12 de diciembre del 2024.
La mañana estaba fría. Eran las seis, y la casa se movía con el ajetreo de un comienzo de semana cualquiera. Los niños se arreglaban para ir a la universidad, el auto se calentaba en el estacionamiento, la cafetera hervía el agua y la espumadora batía la leche mientras la calentaba.
Todo parecía en orden, como siempre. Una familia tranquila, en plena rutina.
Aura, la madre, tomó el teléfono como cada mañana. Normalmente, a esa hora leía uno de los mensajes de su hijo putativo, Nixon —que vivía en Venezuela— contándole cómo le había ido el día anterior.
Pero ese día fue distinto. El texto decía:
“Me voy a Estados Unidos”.
La sangre de Aura se heló. Con la adrenalina desbordada, bajó corriendo las escaleras y detuvo a su esposo, que ya estaba a punto de arrancar el auto rumbo al trabajo. Con la voz quebrada repetía:
—Se nos va. Se nos va.
Aura tenía muchas preguntas, entre ellas, ¿por qué aquella decisión? Pero no fue hasta la noche de aquel día que se sintió con la entereza para enviarle un mensaje de vuelta.
—No, papi. ¿Por qué no mejor esperamos y te sacamos el pasaporte? Te vienes para acá. No tardó en llegar la respuesta:
—No, mamá, no se puede. La cosa acá se está poniendo fea. Tenemos que irnos ahora. Me voy con el pasaporte vencido.
Durante varios días, Aura intentó convencerlo. Sin embargo, no hubo forma, Nixon ya había tomado su decisión. Partió hacia Estados Unidos un día del mes de septiembre. Y con él, Aura sintió que también se iba una parte de su alma.
Fueron días fuertes, con el terror constante de no volver a saber nunca más de su hijo, o de verlo a través de esas tantas noticias de fallecidos o desaparecidos. Su hijo reducido a una mera estadística. Noches en las que Aura solo podía imaginarse las necesidades que estaría pasando el joven de veintiún años. Siempre esperaba alguna señal por su parte, a veces podían pasar días sin noticias de él. Aura y su familia se preparaban para lo peor, esperando lo mejor.
Según el informe de la página web de las Naciones Unidas (UN), miles de personas arriesgan sus vidas cruzando el Tapón del Darién en su intento de llegar a Estados Unidos. En 2023 se registraron 20% más muertes que en 2022. Es así como este año se convierte en uno de los más críticos en decesos en la historia del Darién.
Quince días de una tortura que Aura no querría que nadie pasara. Hasta que llegó el día en el que Nixon le dijo:
“Llegamos a Estados Unidos”. Y solo entonces Aura pudo saber la experiencia vivida por Nixon.
El Darién
Según el Servicio Nacional de Migración de Panamá, en 2024 cruzaron el Tapón del Darién 302.203 migrantes, una disminución con respecto a los 520.085 registrados en 2023. Estos datos se reducen de manera constante al 2025. La organización internacional de noticias la Voz de América afirma que, para enero de este año (2025) los cruces disminuyeron en un 93.8% en comparación con el mismo mes al año anterior. Para el mes de febrero fue del 96%.
Nixon y su novia se levantaron a las cuatro de la mañana para tomar el bus que los llevaría desde Maracaibo hasta Cúcuta. Ese primer tramo, de Venezuela a Colombia, fue tranquilo. Casi rutinario. Viajaron en bus hasta llegar a Panamá, donde los esperaba el cruce del Darién: una selva de 266 kilómetros sin señal, sin mapas confiables, sin leyes.
Lograron atravesarla en tres días, el tiempo más corto en el que se piensa que se puede cruzar la selva. Aquello les costó no detenerse nunca, y les salvó la vida en más de una ocasión.
Dentro del Darién, Nixon comenta que hay mucho fango, humedad. Una vez los detuvieron y les quitaron sus pertenencias. El grupo con el que viajaban se reducía cada tramo, cada hora.
“Es un viaje difícil. Mucho cansancio. Puedes sentir partes de tu cuerpo que jamás habías sentido antes… la humedad, la tierra… Una de las cosas más tristes del viaje fueron las familias que viajaban juntas: se perdían, unas veces solo llegaban los hijos, o los padres, o ninguno en general…
Había una familia que estaba cruzando el río con nosotros. La niña tenía un perro. Se lo llevó la corriente, la hija intentó salvarlo, pero se fue con él. Los padres se rindieron al poco tiempo después.”
Fue en el Darién donde Nixon perdió a tres de sus amigos.
“Habíamos caminado durante horas, pero yo no quería detenerme, quería salir de ahí. Estábamos agotados, la verdad. Decidimos seguir; ellos se quedaron.
—Ey, vamos a parar —dijo el amigo.
—No, tenemos que seguir —insistió Nixon.
—No podemos más, chamo. Hay que parar”
Los amigos de Nixon se detuvieron a descansar bajo un árbol esa noche. Nixon siguió su camino. No fue hasta que se encontraron, más adelante en su viaje, con otro grupo de migrantes que les informaron lo que había pasado: Los rodearon, robaron y mataron. Sin gritos, sin aviso. Solo el silencio posterior.
México
“Dormíamos en plazas”, contó en otro mensaje, “nos asaltaron varias veces por la carretera. Y luego, llegaron los coyotes”.
Cuenta que cuando les tocó cruzar la frontera sur entre México y Estados Unidos, fueron interceptados por un grupo de personas que separaron a Nixon de su novia.
“No creí que saliéramos de esa, mamá”, confiesa Nixon.
Les quitaron los teléfonos, la ropa, el dinero en efectivo que traían. Amenazaron con abusar de su novia.
La impotencia, el miedo. Sentía que no era un humano. “No era una persona, nadie en los caminos lo es. Yo lo hice, pero no lo volvería a hacer”
Un viaje que, en avión, tomaría poco menos de trece horas, le tomó a Nixon quince días en total desde Venezuela hasta Estados Unidos.
Al llegar a su destino, la persona que lo recibió dijo:
“Oye, ¿Cuánto te quedó? Porque te puedes quedar aquí, pero… tienes que aportar, ¿sabes?” Estados Unidos
Nixon y su novia se acogieron a las políticas de migración después de que se auto deportaran al llegar a los Estados Unidos. Contrataron un abogado de migración quien los ha ayudado en su proceso regulatorio como hacen muchos de los migrantes que pasan por los accesos inhabilitados.
Hace dos años y unos pocos meses que Nixon vive en el estado de Virginia, que hoy en día tiene 8.811 millones de habitantes, de los cuales se estima que 275.000 son migrantes indocumentados. Durante el día duerme, y en las noches trabaja en un restaurante de alitas de pollo. Diez horas frente a la cocina caliente, marinando y friendo sin descanso.
Es en ese restaurante donde, la noche del 18 de enero, mientras todos trabajaban como siempre —con la cabeza baja, con el cuerpo en automático— llegó la noticia: Donald Trump había ganado las elecciones. Y con él, volvía la promesa que muchos temían: una “deportación masiva histórica”.
Donald Trump es un empresario y político estadounidense. Antes de ingresar a la política, fue conocido por su imperio inmobiliario y sus casinos. Ingresó al mundo político en el 2015 cuando se postuló por el Partido Republicano y ganó las elecciones al año siguiente frente a Hillary Clinton. Su presidencia de ese año se caracterizó por una polarización ideológica y políticas nacionalistas. Desde sus inicios, Trump ha establecido una narrativa antinmigrante, alimentando los discursos de odio y la criminalización tanto a las personas latinoamericanas como a musulmanes.
En el discurso inaugural de su nuevo mandato Trump dijo:
“Ahora tenemos un gobierno que no puede gestionar ni siquiera una simple crisis interna, mientras que, al mismo tiempo, tropieza con un catálogo continuo de eventos catastróficos en el extranjero. No protege a nuestros magníficos ciudadanos estadounidenses respetuosos de la ley, pero sí brinda refugio y protección a delincuentes peligrosos, muchos de ellos provenientes de prisiones e instituciones psiquiátricas, que han entrado ilegalmente a nuestro país desde todas partes del mundo. Tenemos un gobierno que ha otorgado fondos ilimitados a la defensa de las fronteras extranjeras, pero se niega a defender las fronteras estadounidenses o, aún más importante, a su propia gente”.
Trump ha hablado de crear un ejército especial para sacar del país a millones de inmigrantes indocumentados. Y Nixon, como tantos otros jóvenes que se entregaron voluntariamente a Migración con la esperanza de un asilo, se encuentra ahora atrapado en el limbo: sin estatus, con una orden de comparecencia en mano, y cada día más cerca de ser considerado una “prioridad de deportación”.
Hoy ya no es el miedo a la selva, ni a los coyotes, ni al silencio de las noches sin señal. Ahora es el miedo a las redadas, a los toques en la puerta, al cruce de datos entre agencias.
Cada jornada laboral es un paso más hacia la estabilidad. Y al mismo tiempo, un paso más cerca de la incertidumbre.
El 15 de marzo de 2025, según publicó el medio El País, el gobierno de Donald Trump deportó a 238 venezolanos desde EE. UU. a El Salvador bajo acusaciones de pertenecer a la pandilla Tren de Aragua, recién designada como organización terrorista. Estas deportaciones se realizaron sin el debido proceso legal, y muchos de los afectados no tenían antecedentes penales. Los deportados fueron enviados al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), una cárcel de máxima seguridad controlada por el presidente Nayib Bukele, quien recibe $20.000 anuales por cada preso.
Llevaba horas de trabajo cuando tuvo su primer encuentro cara a cara con el terror de todo migrante: El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos.
“Estábamos trabajando. Fue como a las 12 de la noche”
Nixon relata que entraron sin previo aviso.
“Nos reunieron a todos en el borde de la pared, nos sentaron en el piso” El corazón latía en el pecho de Nixon descontrolado, pensando que ese sería el día en el que sería deportado. “Nos acostaron en el piso con las manos por encima, en la nuca y nos separaron en grupos”. Los que tenían papeles y los que no. Todos dijeron que tenían, pero después vino el muestreo: donde recopilaron todos los documentos que tenían consigo.
Aquel día se llevaron a 12 de ellos. Nixon no fue uno, pero el terror lo paraliza cada día antes de salir de casa. En la actualidad, Nixon está en proceso de legalización, pero cuando tiene un minuto de descanso, ve su techo blanco, su novia embarazada a su lado, recuerda todo lo que tuvo que dejar atrás, todas las penas que tuvo que vivir para poder tener un techo sobre su cabeza y se pregunta si el proceso en el que se encuentra será suficiente para que, cuando llegue ICE, no lo deporten sin previo aviso.

Foto de Nixon junto a su novia a un año de su llegada a los Estados Unidos
Aura, desde la distancia, revive todo. A diario se escribe con Nixon. Le pide que se cuide, que no se arriesgue, que aguante un poco más. Aura preferiría que viniera a casa con ella, pero sabe que por el momento no es posible. Tendrá que esperar a que Nixon cumpla con las normas de migración que establece Estados Unidos, en las que se encuentra permanecer dentro del país al menos 10 años.
Aura vuelve a mirar la cafetera, la espumadora, el auto calentándose en el estacionamiento. Todo parece en orden. Pero no lo está. La línea que separa la normalidad del caos es delgada, y en cualquier momento, Nixon podría volver a tener que empezar desde cero.
Según informa The New York Times, a pesar de que la sentencia del juez federal fue clara: el gobierno de Donald Trump no podía utilizar una poco conocida ley de tiempos de guerra del siglo XVIII para deportar a personas sin audiencia. Y “si algún avión ya estaba en el aire, dijo el juez, debería dar marcha atrás”. Eso no ocurrió. En su lugar, el gobierno de Trump envió a El Salvador durante el 15 y 16 de marzo de 2025 a más de 200 migrantes, entre ellos presuntos miembros de pandillas, en tres aviones. Una revisión de los datos de vuelo realizada por The New York Times demostró que ninguno de los aviones en cuestión aterrizó en El Salvador antes de la orden del juez, y que uno de ellos ni siquiera había salido de suelo estadounidense sino hasta después de que la orden escrita se publicara en internet.
El 19 de abril de 2025, la Corte Suprema de Estados Unidos suspendió temporalmente las deportaciones de migrantes venezolanos bajo la ley de enemigos extranjeros de 1798, una medida rara vez utilizada que permite la deportación sin revisión judicial. La administración de Trump había planeado deportar a presuntos miembros de la banda Tren de Aragua a una prisión de máxima seguridad en El Salvador.
Declaración Universal de los Derechos Humanos. Articulo 13:
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

