Viernes, Marzo 6, 2026

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De la FIFA a La Moneda: la jugada más difícil de Harold Mayne-Nicholls

El expresidente de la ANFP sorprendió al lanzar su precandidatura presidencial. Con una trayectoria impecable en la FIFA y el deporte chileno, hoy expone su capital profesional al entrar en un terreno tan ajeno como crudo: la política. ¿Por qué lo hace? ¿Qué lo motiva realmente?

A sus 63 años, Harold Mayne-Nicholls podría estar disfrutando del respeto transversal que se ha ganado en casi dos décadas de trayectoria en los más altos círculos del deporte mundial. Su currículum impresiona: fue miembro de la FIFA durante 19 años, vivió en Zúrich, Suiza, y formó parte del comité organizador del Mundial de Alemania 2006. Ya en Chile, lideró la ANFP desde 2007 al 2010, sentando las bases de lo que más tarde sería la generación dorada del fútbol nacional. Y más recientemente, fue clave en el éxito de los Juegos Panamericanos Santiago 2023, asumiendo la dirección ejecutiva apenas seis meses antes del evento. Aún así, Mayne-Nicholls ha optado por dar un giro arriesgado: ingresar a la política. Y no desde un cargo técnico o asesor, sino como precandidato presidencial. Eso sí, para inscribirla le faltan menos de 14 mil firmas.

Mientras tanto y con suspenso la pregunta se instala sola. ¿Por qué alguien con ese nivel de reconocimiento público decide exponerse al desgaste de la política? ¿Qué lo mueve a salir de la zona de confort para adentrarse en un terreno tan áspero como polarizado? Estas dudas surgen pese a que en algunas de las encuestas como las de Cadem o Criteria no figura entre nueve opciones. Incluso, hay más personas que no saben por quién votar o no tienen ganas de sufragar como lo refleja el sondeo de Panel Ciudadano. 

No obstante, cuando se le consulta si es consciente del riesgo que corre al postular a La Moneda, responde con calma: “No sé, alguien podría evaluar eso… yo no lo evalúo”, claro porque para él, la decisión parece más emocional que estratégica. “Si hubiese pensado en mí, no me habría venido de la FIFA el 2006”, agregó, recordando que por aquellos años decidió venir a poner orden a una ANFP que tenía más apariencia de circo que de una entidad seria que rigiera el fútbol nacional . La declaración también esconde algo más profundo: su manera de entender el servicio público no desde el cálculo, sino desde la necesidad de contribuir.

Pero no se trata solo de idealismo. Mayne-Nicholls sabe que se enfrenta a una sociedad que ha dejado de creer, que está desgastada. “Hemos perdido el cariño por nuestro país”, dice con cierta tristeza. “Ya no nos toleramos, nos agredimos por cualquier cosa”. Su diagnóstico no es técnico, es vivencial. Lo dice como alguien que ha recorrido el territorio nacional con su Ganamos Todos -su fundación con la que busca promover el deporte en sector vulnerables para el desarrollo de niños, niñas y adolescente en riesgo social-, que ha conocido realidades y le preocupa escuchar a jóvenes decir que quieren irse del país porque no ven futuro.

En ese contexto, la figura de Mayne-Nicholls emerge como un perfil distinto al del político tradicional. Alguien que no ha hecho carrera en partidos, que no viene de estructuras clásicas, que no milita, ni está ideologizado y pretenden seguir así, más allá del coqueteo con el Partido Radical porque entiende que solo no puede pero que sí ha gestionado crisis como la de los Juegos Panamericanos Santiago 2023 que a seis meses, estuvo al borde de suspenderse por retraso de las obras -lo que hubiera sido un papelón en el continente- y Harold logró ejecutarlos con éxito porque es experto en manejos de equipos y articulando voluntades. Lo hizo en el fútbol mundial, en el deporte nacional y ahora quiere intentarlo en el impiadoso terreno de la política.

Eso sí, no lo hace sin conciencia del costo. “Alguien me dijo: vas a perder todo tu capital político. Pero yo nunca he sabido para qué sirve ese capital”. Él se desmarca de las lógicas transaccionales que dominan la política chilena actual. Habla de comunidad, de poner la pelota al piso —como dice con lenguaje futbolero— y retomar el diálogo. Sus palabras no son rebuscadas.Para Mayne-Nicholls, quedarse en casa mirando las noticias, sin hacer nada, sería peor. “Eso sí que sería dramático”, remata.

En una época donde los liderazgos suelen levantarse desde la indignación o la rabia, la precandidatura independiente de Mayne-Nicholls llama la atención precisamente porque va en sentido contrario. Él no busca enemigos. No tiene un discurso contra nadie. Ni siquiera habla de los otros candidatos. Habla de Chile, de sus nietos, del futuro, de lo comunitario. De cómo le dolería que las próximas generaciones crecieran lejos del país porque “ya nadie quiere quedarse aquí”.

El otrora periodista no está haciendo política como los demás porque no grita, no acusa, ni se victimiza. Solo insiste, una y otra vez, en volver a hablar. En sentarse y entendernos. Puede que no gane, puede que no pase ni a segunda vuelta -porque en los sondeos de intención de voto, en promedio, oscila entre 2% y 3% de las preferencias- pero en tiempos donde tantos entran a la política para ganar algo, él lo hace, curiosamente, arriesgándolo todo. Con el escenario actual, su sueño tiene más tintes utópicos que de realidad pero tal vez el panorama cambie con el pasar de los meses. Todo puede pasar pero lo que tiene claro es que es la jugada más difícil.

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