Con una ovación de pie concluyó la obra “De cómo me convertí en Mistral”, un biodrama protagonizado por Solange Lackington, acompañada por la soprano Ingrid Leyton y el músico Salvador Pizarro (cuerdas y arpa).
Este jueves, en medio de lluvias y viento, la Universidad Gabriela Mistral conmemoró los 80 años desde que la poetisa, diplomática y educadora Gabriela Mistral, recibiera el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en una de las cuatro mujeres en obtener dicho galardón y la única latinoamericana distinguida con este reconocimiento. La celebración resaltó la importancia de Mistral no solo como escritora, sino también como referente de educación y diplomacia en Chile y el mundo.

La interpretación de Lackington, junto a Leyton y Pizarro, mantuvo cautivo durante más de una hora y media al público, compuesto por vecinos de la comunidad, estudiantes, académicos, además de representantes de las municipalidades y concejos municipales de Ñuñoa y Providencia. La combinación de diálogo, musicalización y recursos teatrales permitió transmitir tanto la vida de la poetisa como la conexión personal de la actriz con Mistral, generando un vínculo emotivo con los asistentes.
En la instancia también estuvieron presentes el embajador de República Dominicana en Chile, Juan Cohen, y la embajadora de Suecia, Sofía Karlberg. Para Karlberg —quien realizó su primera visita oficial al país— el legado de Mistral es indiscutible: “Como mujer diplomática, encuentro que su legado es una inspiración”, señaló.

La jornada comenzó con una introducción del director de la Escuela de Humanidades de la Universidad Gabriela Mistral, Eduardo Hodge Dupré, quien recordó aspectos esenciales de la vida y obra de la poetisa, y contextualizó la puesta en escena que seguiría, destacando la relevancia de acercar la literatura y el arte a toda la comunidad.
Esta expresión artística se enmarca en los objetivos que plantea Felipe Molina, director artístico residente del Teatro Nescafé de las Artes desde hace tres años. Para él, iniciativas como esta contribuyen a “democratizar el arte, lo que no significa dar cosas gratis, sino garantizar que todas las personas tengan la posibilidad de acceder a él”. Según los asistentes, la obra logró transmitir emoción y reflexión, consolidando a Gabriela Mistral como un referente cultural vigente y cercano a la ciudadanía.

