En su última intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente Gabriel Boric sorprendió con un anuncio de alto impacto diplomático: la postulación oficial de la expresidenta Michelle Bachelet como candidata a la Secretaría General del organismo.
El mandatario enmarcó la nominación como un gesto para corregir el “desequilibrio histórico de género” de una institución que en ocho décadas nunca ha sido dirigida por una mujer, y al mismo tiempo posicionar a Chile como un actor capaz de instalar debates globales desde América Latina.
Boric aprovechó la conmemoración del 80° aniversario de la ONU para destacar la trayectoria de Bachelet, a quien describió como una líder con la capacidad de “tender puentes entre el norte y el sur”. La presencia de la exmandataria en la sala dio mayor peso simbólico al anuncio, que fue leído como un movimiento estratégico para abrir la carrera por la sucesión de António Guterres en un escenario marcado por tensiones geopolíticas y la necesidad de renovación del multilateralismo.
La candidatura, sin embargo, enfrenta un camino complejo. La elección requiere la recomendación del Consejo de Seguridad y una votación de dos tercios en la Asamblea General, lo que deja a Bachelet expuesta a eventuales vetos de las potencias. A ello se suma la competencia de nombres fuertes en la región como el argentino Rafael Grossi o la costarricense Rebeca Grynspan, lo que obligará a Chile a desplegar una ofensiva diplomática para consolidar apoyos tanto en América Latina como fuera de ella.
Con este anuncio, Boric no solo buscó instalar a Bachelet como carta internacional, sino también reforzar su propio legado en política exterior. Su discurso, cargado de llamados a la defensa de los derechos humanos y a enfrentar desafíos globales como el cambio climático y la gobernanza de la inteligencia artificial, tuvo en la nominación de la exmandataria el gesto más audaz, que proyecta a Chile como protagonista en un debate clave para el futuro de Naciones Unidas.
📷: Radio Paulina

