El Plan Escudo Fronterizo, impulsado por el Gobierno de José Antonio Kast, comenzó el pasado 16 de marzo en el norte de Chile y ha generado reacciones en los países vecinos. Mientras Perú llama a la prudencia, desde Bolivia surgen críticas considerándolo un gesto hostil. La iniciativa, que busca frenar la migración irregular mediante zanjas, barreras físicas y mayor control militar en la frontera, ya se encuentra en fase de implementación en zonas como Arica y Colchane.
Desde el Ejecutivo, la medida se presenta como una respuesta firme a la crisis migratoria, con foco en el resguardo territorial y el control de pasos no habilitados. Sin embargo, su impacto ha pasado las fronteras nacionales y provocó reacciones en Perú y Bolivia.
“Se implementará un sistema de contención que incluye zanjas de hasta 3 metros de profundidad en zonas de alto tráfico migratorio y el uso de drones autónomos con cámaras de reconocimiento facial, infrarrojos y térmicos, operando 24/7”, según lo señalado en la página web del Gobierno de Chile.
En el caso de Perú, la reacción ha sido más bien medida, aunque no indiferente. Autoridades han llamado a actuar con cuidado, dejando claro que decisiones de este tipo podrían generar tensiones si no se manejan con cuidado.
Uno de los puntos que más llamó la atención fue la comparación realizada por el mandatario José María Balcázar sobre el Muro de Berlín, en alusión al carácter simbólico de levantar barreras físicas en zonas fronterizas, vinculadas históricamente a políticas de separación y restricción del movimiento de personas.
“Es una decisión presidencial que nosotros respetamos. Nosotros somos demócratas, pero sí hay que indicar que cuidado, cuidado vayamos a volver a los tiempos en que se construía el Muro de Berlín y todo fue un fracaso posteriormente”, señaló Balcázar en una entrevista para la emisora RPP.
El escenario cambia al mirar a Bolivia, donde las reacciones han sido más directas. El expresidente Jorge Quiroga ha cuestionado el plan, calificándolo como un gesto hostil hacia los países vecinos.
Entre las principales preocupaciones, se advierte que la construcción de zanjas o barreras podría afectar el espíritu del Tratado de 1904, que garantiza el libre tránsito boliviano por territorio chileno. A esto se suma el riesgo de criminalizar la migración y profundizar tensiones históricas entre ambos países.
“Una de las primeras cosas que hizo el Gobierno de Chile es un gesto hostil de hacernos zanjas”, sostuvo Quiroga en una rueda de prensa en La Paz.
En este contexto, el Plan Escudo Fronterizo no solo se instala como una medida de control migratorio, sino también como un factor que reconfigura el escenario regional. Mientras Chile defiende su implementación como una respuesta a la crisis en la frontera norte, las reacciones de Perú y Bolivia evidencian que sus efectos sobrepasan lo interno y abren un espacio de tensión diplomática que aún se mantiene contenida.
De cara a los próximos meses, el desarrollo del plan y su impacto en la dinámica fronteriza serán claves para las relaciones entre los tres países. La forma en que se gestione, especialmente en términos de coordinación y diálogo, podría marcar la diferencia entre una política de control aislada y una estrategia regional capaz de enfrentar el fenómeno migratorio sin profundizar las tensiones existentes.
Foto: Extraída de Gob.cl

