Foto: Armada de Chile
Ya son dos veces en el año que la soberanía sobre el Estrecho de Magallanes se vuelve contingencia. En esta ocasión, la controversia surgió por parte del brigadier general y jefe de la Fuerza Aérea Argentina, Gustavo Valverde, quien el 23 de agosto, en el podcast “La Fábrica del Podcast”, dijo en sus propias palabras: “Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía, hay que mantener ahí, hay que hacer presencia”. Estas declaraciones se dieron en un contexto de análisis sobre la geografía y las fortalezas estratégicas de Argentina, definiendo a aquel territorio como una llave bioceánica fundamental entre el océano Atlántico y el océano Pacífico.
La primera instancia del año en la que se nombró al Estrecho de Magallanes y generó polémica con el país trasandino fue en abril, cuando el contralmirante y jefe del Servicio de Hidrografía Naval de Argentina, Hernán Montero, aseguró que una sección del Estrecho de Magallanes es argentina: “La boca de Magallanes es argentina. La boca que une Cabo Vírgenes con Punta Dúngenes y de ahí hacia el este es argentina”. Estos comentarios generaron una polémica directa, ya que no se está hablando de una disputa de opinión entre políticos, sino de la propia soberanía nacional. Dicha soberanía ha sido firmemente ratificada por el canciller chileno Pérez Mackenna, quien afirmó que “la soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes es indiscutible”.
La respuesta oficial de la cancillería argentina reafirmó el carácter definitivo de los tratados de límites de 1881 y del Tratado de Paz y Amistad de 1984, subrayando el valor estratégico de la cooperación con Chile y destacando el compromiso bilateral. Esta postura dejó conforme al presidente de la República, José Antonio Kast, “Agradecemos también las declaraciones del gobierno argentino, reconociendo la soberanía del Estrecho de Magallanes, que es chileno”, fueron los dichos del presidente.
“El mar argentino es enorme. Tenemos conciencia de nuestra posición geográfica. Tenemos capacidad técnica en Argentina para custodiar ese mar argentino que hoy capta mayor atención”, explicaba el almirante y jefe del Estado Mayor General de la Armada Argentina, Juan Carlos Romay, días previos a los dichos del general Valverde. Argentina, bajo el mandato de Javier Milei, está atravesando por un ciclo de modernización de sus Fuerzas Armadas, el cual incluye la adquisición de cazas F-16 para la Fuerza Aérea, así como cursos de capacitación y la implementación de equipos no tripulados para la Armada.
Resulta una incógnita por qué oficiales del alto mando del país trasandino pasan por alto los acuerdos y reivindican jurisdicción sobre un territorio que no les pertenece. Fue el 29 de noviembre de 1984 la fecha en la que se firmó el Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile, el cual contó con la mediación histórica del papa Juan Pablo II, un acto que fue ratificado formalmente al año siguiente por ambos países. Estas declaraciones vuelven a poner al Estrecho de Magallanes en el centro de una discusión que Chile debió dar por cerrada hace décadas. Aunque estos dichos de jefes militares no constituyen por sí mismos una nueva disputa territorial formal, sí afectan la percepción de la soberanía, y su reiteración genera preocupación en Santiago, lo que obliga a observar con suma atención el renovado interés estratégico de Argentina por el extremo sur.
El Tratado de Paz y Amistad de 1984 estableció un marco sólido para superar las disputas territoriales entre ambos países; pese a ello, más de cuatro décadas después, el Estrecho vuelve a aparecer en el discurso político y militar de autoridades argentinas. Mientras Chile reafirma que su soberanía es indiscutible, queda abierta la interrogante sobre hasta dónde llegará esta nueva política de presencia y proyección argentina en una zona clave para la geopolítica de todo el cono sur.
