Con el inicio del Mundial 2026, pocos libros resultan tan pertinentes como Niños futbolistas (2013/2020) de Juan Pablo Meneses. A través de una investigación que combina crónica, reportaje y experiencia personal, Meneses se propone explorar una pregunta tan simple como inquietante: ¿qué significa comprar a un niño futbolista?
El libro forma parte del proyecto de periodismo cash una propuesta desarrollada por el autor en la que compra aquello que investiga para comprenderlo desde dentro. En este caso, Meneses adquiere un porcentaje de los derechos de un joven jugador argentino y, a partir de esa experiencia, se adentra en el complejo mundo de la formación, representación y transferencia de futbolistas menores de edad.
Más que seguir la historia de un único protagonista, la obra construye un amplio retrato del ecosistema que rodea al fútbol infantil y juvenil. A lo largo de sus capítulos aparecen representantes, entrenadores, padres, clubes, empresarios y jóvenes promesas que sueñan con alcanzar el profesionalismo. También aparecen quienes estuvieron cerca de lograrlo y nunca llegaron, quienes triunfaron brevemente y desaparecieron, o quienes fueron olvidados antes de tener una oportunidad.
Todos esos relatos tienen un elemento en común: la pasión por el fútbol. Meneses entiende que detrás de contratos, porcentajes y transferencias existe un fenómeno cultural profundamente arraigado en la identidad latinoamericana.
En el capitulo 22, la pasión, el autor menciona lo siguiente: “El fútbol en América Latina es, con todo, mucho más que dinero. Más que traspasos y mánagers y agentes y ventas y comisiones y niños transferidos y pasaportes falsos y robo entre clubes y robo entre representantes de futbolistas y pobres que se hacen millonarios y millonarios que compran pobres y ricos más ricos y pobres siempre pobres. Además y a pesar de lo anterior, se trata de una pasión, una descarga, una locura, una catarsis, un sueño, un grito, un gol, un gooool, carajo, gooooool, hijo de puta, goooooolazo y la concha de tu madre”.
Sin embargo, uno de los mayores méritos del libro es que evita romantizar completamente esa pasión. La investigación muestra cómo el fútbol puede convertirse en una oportunidad de movilidad social para miles de familias, pero también revela las presiones que recaen sobre niños y adolescentes que cargan expectativas económicas enormes desde edades muy tempranas.
“Si bien se considera niños a los menores de dieciocho años, en este libro se entiende por niños a los menores de dieciséis, la edad en la que un niño futbolista que no ha triunfado ya está más bien cerca de la vejez”. Esta frase del capítulo 17, El medio campo, nos muestra con crudeza la lógica de un sistema donde la infancia parece tener fecha de vencimiento.
Niños futbolistas no busca demonizar el negocio del fútbol ni presentar respuestas simples. El propio autor advierte contra una lectura maniquea de la compraventa de jugadores jóvenes. No obstante, el libro sí invita a reflexionar sobre los límites éticos de una industria que identifica talento cada vez a edades más tempranas y transforma a los niños en proyectos de inversión antes incluso de que hayan terminado de crecer.
Quizás una de las mayores fortalezas de esta investigación sea precisamente esa capacidad para generar preguntas incómodas. ¿Dónde termina el apoyo al talento y dónde comienza la explotación?, ¿qué diferencia existe entre ofrecer oportunidades y convertir a un menor en un activo económico?, ¿Hasta qué punto las decisiones pertenecen realmente al niño cuando detrás existen familias, clubes y representantes que también depositan sus expectativas en él? El libro obliga al lector a preguntarse dónde se encuentra la frontera entre una oportunidad deportiva legítima y la mercantilización de la infancia.
Más allá del fútbol, Meneses recuerda que detrás de cada jugador profesional existe una historia que rara vez llega a las transmisiones televisivas. Antes de los estadios llenos, los contratos millonarios y los goles celebrados por millones de personas, hubo niños que soñaron, fracasaron, insistieron y crecieron bajo la presión de convertirse en la próxima gran promesa. Es en ese recorrido donde Niños futbolistas encuentra su verdadero valor.
Foto: Tomada por Fernanda Valenzuela.
