La relación entre el Vaticano y el presidente de Estados Unidos vuelve a tensarse. En un escenario global cada vez más polarizado en torno a las discusiones sobre el uso de armamento nuclear, Donald Trump y el papa León XIV han generado un intenso debate que ha acaparado la atención de los medios y el límite del poder de la Iglesia en las políticas internacionales.
El mandatario estadounidense arremetió contra el pontífice sobre la postura del riesgo de que Irán tuviera armamento nuclear. Trump acusó al papa de “débil” y de “poner en peligro a muchos católicos”, declaraciones que rápidamente generaron repercusión internacional.
Por otro lado, desde el Vaticano la respuesta fue clara. Durante una intervención pública en Castel Gandolfo, a las afueras de Roma, respondió que: “Si alguien desea criticarme, que lo haga con la verdad”. El pontífice defendió la posición histórica de la Iglesia católica en contra de las armas nucleares y reiteró que la prioridad debe ser siempre el diálogo y la paz antes que la escalada militar.
Sin embargo, el conflicto entre Washington y el Vaticano viene desde comienzos de este 2026, tras el aumento de las tensiones militares entre Estados Unidos e Irán. En un resumen de la situación, en abril el pontífice habría cuestionado la “ilusión de omnipotencia” de las potencias mundiales y que las hostilidades deben detenerse antes de causar daños irreversibles. El mensaje fue interpretado como una crítica a la estrategia militar encabezada por la Casa Blanca, por lo que Trump respondió que la Iglesia estaba siendo muy ambigua frente al programa nuclear iraní.
En medio de las asperezas, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, visitó el pasado jueves el Vaticano para sostener reuniones con León XIV y autoridades de la Santa Sede. El objetivo del encuentro fue disminuir las tensiones diplomáticas y retomar el diálogo bilateral. Según reportes internacionales, las conversaciones fueron “amistosas y constructivas”, aunque las diferencias respecto a Irán y el uso de la fuerza militar continúan presentes.
Para la iglesia, el camino debe ser la diplomacia y el entendimiento entre los Estados, evitando discursos que profundicen la polarización global. En Chile, esta postura también ha tenido resonancia. Los obispos de Chile reunidos en una Asamblea Plenaria expresaron con claridad su apoyo a las declaraciones de León XIV: “Nos duele que se descalifique la palabra del Papa cuando esta interpela conciencias y llama a la conversión”, explicaron.
En esa misma declaración, el arzobispo René Rebolledo, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, sostuvo que no es posible reducir la voz de la Iglesia cuando se defienden principios fundamentales como el derecho de los pueblos. “El papa León XIV ha recordado con firmeza que la guerra nunca es la solución, sino una derrota para la humanidad”, afirmaron en el comunicado de la asamblea.
Mientras Trump y otros líderes mundiales cuestionan la intervención de la iglesia frente a las políticas internacionales. La pregunta que se vuelve a instalar en la esfera pública es: ¿Hasta qué punto debe intervenir la Iglesia en debates políticos y militares?. Para algunos sectores, el Vaticano debe limitarse al ámbito espiritual; en cambio, para otros su voz resulta fundamental frente a conflictos que involucran derechos humanos y riesgos globales.
Jaime Coiro, psicólogo, periodista y diácono católico, además de exdirector de comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Chile, explica a Esquina Sur que grandes líderes políticos mundiales han reconocido a los líderes religiosos por su capacidad de promover valores humanos en la sociedad. Sin embargo, sostiene que “Trump no parece alcanzar los estándares de estadista que uno esperaría del presidente de los Estados Unidos”.
Para Coiro, la política y la religión siempre son ámbitos que se vinculan y complementan, cuando reconocen acciones que buscan hacer progresar a la humanidad, la justicia social y la protección de los más vulnerables. En este sentido, ver que este conflicto refleja una división más grande entre política y religión no es posible. “Mirarlas como ámbitos contrapuestos significa desconocer el real sentido de la política y las instituciones religiosas”, asegura.
Desde la perspectiva ciudadana, es esperable considerar las repercusiones que acciones poco éticas y morales por parte de líderes políticos sean cuestionadas por las instituciones eclesiásticas. Para Coiro, “cada vez que se quiere interpretar lo religioso desde las categorías políticas, las lecturas quedan cortas”. También señala que si bien la iglesia debe a sus feligreses predicar el evangelio y la paz, como sostiene el papa León, asumir una voz moral como un agente político es indiscutible para los líderes religiosos frente a este tipo de conflictos humanitarios.
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