Con la llegada del invierno, llegan las bajas anímicas en la mayoría de la población. Cuesta más levantarse en las mañanas, hay poca motivación, se siente frío todo el día, el rendimiento es menor y solo hay ganas de quedarse en casa. Durante estos meses es común escuchar quejas por falta de energía.
Esto no es casualidad, y en los casos más severos, la ciencia lo diagnostica como Trastorno Afectivo Estacional (TAE), un tipo de depresión relacionada con los cambios de estaciones. Sus síntomas típicos son falta de energía, mayores antojos de carbohidratos (porque el cuerpo busca energía rápida), aislamiento social, tendencia a aumentar de peso y cansancio extremo.
El psicólogo clínico Juan Pablo Jiménez se refiere a los cambios de ánimo que pueden pasar con la llegada del invierno, como una respuesta biológica y real. “Nuestro cerebro es una especie de reloj biológico que se sincroniza con el sol, y cuando esa luz disminuye, la química de nuestro cerebro cambia”, señala el profesional. El psicólogo hace referencia a dos hormonas en específico para este caso. La melatonina y la serotonina. La primera es la hormona del sueño, que se produce mayormente cuando está oscuro, por lo tanto, en invierno, cuando hay menos rayos de sol, se produce sueño a deshoras o en mayor cantidad. “Por eso sentimos esa pesadez constante, somnolencia y la sensación de que el cuerpo nos pide hibernar”, afirma. Y la serotonina, la hormona del bienestar, es la encargada de regular el estado de ánimo, se activa directamente con la luz del sol, entonces, si hay menos estímulos de luz natural, los estímulos de serotonina caen. Algunos tips que da Jiménez para combatir esta desregulación hormonal son tomar sol en las mañanas, caminar al aire libre si el día lo permite o mantener rutinas claras. “Esto para recordarle a nuestro cerebro que, aunque el invierno sea bien frío, la luz interior sigue encendida”, agrega metafóricamente el psicólogo.
Un mensaje que envía Juan Pablo Jiménez a la sociedad tiene que ver con la frustración que se produce al sentirse así en esta época del año. “El sentirse más pesado o más lento en este periodo de tiempo no es flojera ni falta de voluntad, es la biología simplemente adaptándose al entorno”, concluye.
Fabiola Lagos es profesora jefe de un cuarto básico en una escuela de Quinta Normal. Con respecto al desempeño de sus alumnos en meses de invierno, afirma que disminuye considerablemente. “Cuando empieza el invierno, mis niños empiezan a desaparecer poco a poco, se quedan dormidos en la sala, no van a clases, les cuesta retener la información y bajan el ritmo en comparación con los meses de calor”, afirma la docente. Esto se convierte en un problema para los profesores, por lo tanto, tienen estrategias para motivar a los niños a ir a clases y prestar atención. En el caso de Fabiola, tres días a la semana los niños pueden llevar un juguete y usarlo durante los primeros 10 minutos de cada clase, y los otros dos días hacen juegos colectivos. “Esta idea que tuvimos ha motivado mucho a los chiquillos a venir al colegio cuando hace frío, y como son los primeros 10 minutos, también sirve para que lleguen a la hora”, concluye la profesora.
Eduardo Encina es ingeniero informático de profesión y le gusta ir al gimnasio. Trabaja de manera remota en su casa de 9:00 a 17:30 y, antes de comenzar su jornada laboral, va a entrenar. Esto se le ha vuelto un problema en meses de invierno, ya que afirma que le cuesta demasiado levantarse en las mañanas para ir al gimnasio por falta de energía. “Estos meses me cuesta mucho levantarme, siento que no descansé nada y quiero seguir durmiendo, quiero estar en mi casa calentito todo el día. Me gusta ir a entrenar, pero se me hace horrible la levantada”, señala el ingeniero, agregando que prefiere hacer ejercicio en su casa con tal de no salir.
Felipe González es barbero y trabaja en un salón ubicado en Vitacura. En su rubro se vive desde cerca el cambio de ánimo en las personas. “Es impresionante cómo baja el flujo de clientes en invierno, yo generalmente entre octubre y abril tengo un promedio de 12 clientes diarios. Pero de mayo a septiembre baja a 8. Vienen menos porque a algunos no les gusta tener el pelo corto por el frío y otros me han dicho que es porque les da flojera”, señala.
En definitiva, los testimonios de profesores, trabajadores y comerciantes evidencian que el TAE y el desgano invernal no son mitos urbanos, sino realidades que vive la sociedad. La poca luz de sol que hay en estos meses altera la química cerebral, transformando por completo la productividad, la asistencia escolar y las rutinas cotidianas.
Foto: extraída de Latercera.com

