Estos últimos meses, Venezuela y Colombia han sido golpeadas por dos terremotos de gran magnitud que dejaron graves consecuencias e instalaron la preocupación ante la posibilidad de más actividad sísmica. El día 24 de Junio, Venezuela fue el epicentro de dos terremotos de 7,2 y 7,5 grados en la escala de Richter de manera consecutiva y con apenas minutos de diferencia. La Guaira y Caracas fueron las localidades principalmente afectadas, sufriendo severos daños en infraestructura, lo que obligó a las autoridades a declarar estado de emergencia.
El día lunes 10 de agosto la actividad sísmica volvió a azotar al caribe, esta vez en Colombia con un terremoto de magnitud de 7,4 con epicentro en San José del Palmar, cerca de la ciudad de Cali. El movimiento también se sintió en Ecuador y Panamá y aunque los eventos de Venezuela y Colombia no están directamente relacionados, ambos recuerdan que América Latina se encuentra en una constante actividad sísmica. En el caso de Chile, los terremotos son una amenaza recurrente debido a la ubicación geográfica sobre el límite entre las placas de Nazca y Sudamérica. La frecuencia de estos eventos ha llevado a Chile a desarrollar una sólida cultura de prevención y gestión ante estos desastres naturales, con normas de construcción antisísmicas y protocolos de emergencia, pero ¿qué tan realmente preparado se encuentra Chile para enfrentar un terremoto?
El 22 de mayo de 1960, Chile quedó marcado para siempre con el que fue registrado como el sismo más fuerte de la historia. Un sismo de 9,5 grados azotó la ciudad de Valdivia en la Región de la Araucanía, la vibración fue tan fuerte que atravesó el océano Pacífico llegando a percibirse en Hawaí y Japón. El desastre no se limitó a un terremoto, sino que siguió con una serie de maremotos y el movimiento desencadenó la erupción del volcán Puyehue en la provincia de Ranco. La historia sísmica de nuestro país continuó con los terremotos de 1985, 2010 y 2015, que entre otros, han demostrado que la historia sísmica de Chile perdura en los registros
El desafío de un terremoto no termina en el cese del movimiento de la tierra, tras un terremoto comienzan complejas tareas de evaluar daños, rescate de personas, restablecer servicios básicos y reconstrucción de infraestructura. Un terremoto no solo deja daños en viviendas, caminos y puentes, sino que deja heridos, desaparecidos y hasta fallecidos. El terremoto del 2010 fue de 8,8 grados, dejó más de 500 fallecidos y cerca de dos millones de damnificados.
En la actualidad, SENAPRED (Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres) es el servicio encargado de planificar la gestión institucional ante desastres naturales, remplazando a la anterior ONEMI (Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior) desde 2023. La principal función del SENAPRED es coordinar distintos organismos del Estado, como carabineros, bomberos, la CONAF, además de supervisar y guiar la gestión de municipios, con el objetivo de organizar una respuesta rápida y eficiente después de una catástrofe. SENAPRED, además trabaja con sistemas de alta tecnología de monitoreo que permiten identificar amenazas y generar alertas lo más temprano posible, como el reconocido Sistema de Alerta de Emergencia o SAE, que envía mensajes directos a teléfonos celulares cuando existe algún riesgo que requiera evacuar una zona específica.
Rodrigo Rodríguez es ingeniero civil en geografía y profesional en prevención de riesgos. Trabajó durante 27 años en la ONEMI (actual SENAPRED), se desempeñó como docente en la Universidad de Santiago y formó parte de la JICA (Agencia de Cooperación Internacional de Japón). Rodríguez compara la situación de Chile con la de los países del Caribe y asegura que, en materia de infraestructura, el país se encuentra bien preparado. “La situación acá es diferente. Chile es uno de los países que está mejor preparado en términos de ingeniería y construcción. Asísmica y antisísmica. Somos grandes exportadores de tecnología antisísmica”, comenta el ingeniero.
La mayoría de las construcciones en Chile cuentan con estándares antisísmicos y están diseñadas para resistir movimientos, reduciendo los posibles daños. En el caso de las construcciones asísmicas, estas incorporan tecnologías como disipadores o aisladores sísmicos, que permiten que la estructura absorba gran parte de la energía producida por el movimiento. De esta manera, el edificio puede desplazarse junto con el sismo y disminuir los daños estructurales. “Son muy pocos estos casos, generalmente son solo oficinas del Gobierno y hospitales”, añade Rodríguez.
El profesional destaca la importancia de la fiscalización y de contar con una infraestructura adecuada, especialmente frente a las dificultades que pueden surgir durante los procesos de evacuación en ciudades costeras. “El terremoto es inevitable, pero lo que sí podemos hacer es diseñar una ciudad segura. No construir al borde del mar es básico, sobre todo si son lugares con aglomeración, como malls o colegios. En un terremoto donde se cortan los servicios de agua y luz, se genera tráfico en los alrededores, se estanca todo ahí y se dificulta el proceso de evacuación. Esto puede llegar a causar muertes. Imagínate si viene un tsunami”, advierte Rodríguez. Los casos de Colombia y Venezuela demuestran que aunque la construcción es un pilar fundamental, la organización institucional, civil y estructural son claves para sobrellevar una catástrofe natural de este tipo.

