Viernes, Julio 3, 2026

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¿Es difícil hacer periodismo cultural en Chile?

“Es tiempo de una pausa”. Con esas palabras, el medio Solo Artistas Chilenos anunció a través de sus redes sociales que el proyecto tomará una pausa. La publicación, compartida con sus seguidores, marcó un punto de inflexión para un espacio que durante años se dedicó a visibilizar el trabajo de creadores nacionales. Aunque el anuncio no profundiza en las razones detrás de la decisión, revela una pregunta que hace tiempo acompaña al periodismo cultural en Chile ¿por qué es tan difícil sostener un proyecto de periodismo cultural en Chile?

El escenario no es nuevo. En los últimos años, distintos medios tradicionales han reducido sus espacios dedicados a cultura, mientras proyectos independientes buscan abrirse paso en un entorno marcado por la competencia digital, la fragmentación de las audiencias y las dificultades para encontrar modelos de financiamiento sostenibles. De acuerdo con el artículo ¿A quién le importa el periodismo cultural?, publicado por Palabra Pública, la cobertura cultural ha perdido presencia dentro de las pautas informativas y suele ser una de las primeras áreas afectadas cuando los medios enfrentan recortes presupuestarios. Aun así, quienes trabajan en esta área coinciden en que el periodismo cultural no está desapareciendo, sino transformándose.

Para Rodrigo Guendelman, fundador de Santiago Adicto, la idea de que antes existían mejores condiciones para hacer periodismo cultural responde más a una percepción que a la realidad. “Nunca ha sido fácil hacer periodismo cultural en Chile. Nunca ha habido demasiados espacios”, afirma.

Si bien reconoce que algunos medios y secciones culturales han desaparecido, sostiene que al mismo tiempo han surgido nuevas iniciativas, especialmente en plataformas digitales. A su juicio, el principal cambio está en la forma en que hoy circula la información cultural.

“Hubo una época en que había limitados medios y eran muy importante. Todos leían lo mismo. Hoy cada uno lee su mundo cultural, por lo tanto, es imposible tener un gran medio importante o dos o tres medios dominantes, sino que muchos que están segmentados”, explica.

En ese contexto, las redes sociales han permitido que aparezcan nuevas voces y formatos para hablar de cultura. Sin embargo, esa mayor diversidad no elimina uno de los principales problemas: la sostenibilidad económica.

Las dificultades no solo afectan a los medios, sino también a quienes ejercen el periodismo cultural. La periodista Emilia Macías, colaboradora en Culto de La Tercera, conoce ambas realidades. Antes de llegar al medio, participó en la creación de Demencia Media, un proyecto independiente dedicado a cubrir noticias sobre libros, películas, series y música. Desde esa experiencia recuerda que conseguir entrevistas o acreditaciones para eventos significaba competir constantemente con los grandes medios de comunicación. “Teníamos que pelear por los cupos de cobertura porque las entrevistas generalmente se las daban a los diarios, la televisión o las radios. Para los medios independientes era mucho más difícil acceder”, recuerda.

Su llegada a un medio consolidado cambió completamente esa realidad. Muchas entrevistas comenzaron a llegar directamente y las posibilidades de realizar coberturas internacionales aumentaron considerablemente. Sin embargo, asegura que el principal problema sigue siendo la estabilidad laboral. “Encontrar un contrato para ser periodista cultural es prácticamente imposible. Dependemos mucho del trabajo freelance, del boleteo y de la informalidad. Cada vez pagan menos por una nota cultural”, afirma.

A su juicio, el periodismo cultural sigue siendo valorado dentro del ámbito profesional, pero ha ido perdiendo protagonismo frente a otros temas que los medios consideran más rentables.

Para la escritora, periodista y creadora de la revista Punto C, Constanza Moncada, el problema tiene una raíz más profunda. “Uno de los principales desafíos es la valoración social y económica. La cultura muchas veces se considera un agregado tanto en los espacios gubernamentales como en los sociales. Los equipos son más pequeños, el presupuesto es menor y, por ende, la cobertura cultural va perdiendo fuerza”, señala.

No obstante, también observa un aspecto positivo del panorama actual. Frente a la disminución de espacios en los medios tradicionales, han surgido proyectos independientes que amplían las voces disponibles para el público. “Hay una mayor diversidad de medios independientes que sirven para dar voz a quienes no tienen espacio en los medios tradicionales”, destaca.

Un desafío que va más allá de la cultura

La pausa de Solo Artistas Chilenos refleja una realidad que atraviesa a gran parte del periodismo cultural chileno. Más que una desaparición de este tipo de cobertura, las voces consultadas coinciden en que se trata de una transformación marcada por nuevos formatos, audiencias más fragmentadas y modelos de financiamiento cada vez más difíciles de sostener.

Mientras las redes sociales permiten que aparezcan nuevos proyectos y voces independientes, persisten desafíos como la precarización laboral, la falta de recursos y la reducción de espacios culturales en los medios tradicionales.

El futuro del periodismo cultural parece depender no solo del interés del público por la cultura, sino también de la capacidad de encontrar condiciones que permitan ejercer este oficio de manera sostenible, independiente y con el espacio que merece dentro de la agenda informativa.


Foto: Fernanda Valenzuela.

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