Viernes, Julio 3, 2026

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La peligrosa relación entre la IA y la creación artística

Hoy en día, la inteligencia artificial no solo escribe textos: también pinta, compone música, edita videos, dobla voces e incluso logra imitar con gran precisión el estilo de artistas reconocidos. Lo que antes parecía ciencia ficción, ahora es una realidad palpable, la IA ha llegado para transformar, y en muchos casos reemplazar, tareas tradicionalmente realizadas por el ser humano.

Cualquiera con acceso a internet puede aprovechar estas herramientas y lograr resultados inmediatos. Esta capacidad de respuesta ha llevado a muchos creadores a ver en la tecnología un aliado logístico. Paloma Amaya, artista ceramista, coincide en que, si se utiliza correctamente, esta tecnología puede ser un apoyo. “En el sentido de optimizar tiempos es una gran herramienta para cualquier disciplina artística”, sostuvo la artista, sin embargo, aclara que este avance no amenaza la raíz de la creación, pues la IA no podrá reemplazar algo que nace desde nuestra esencia humana.

Pero detrás de las capacidades que tiene la IA yace una discusión permanente respecto al uso de información y modelado de estas mismas. Pinturas, fotografías, novelas, canciones, artículos periodísticos e incluso diseños gráficos son utilizados para entrenar el algoritmo que posteriormente genera nuevo contenido que no cita al utilizado previamente. En pocas palabras, la inteligencia artificial utiliza a diestra y siniestra datos y contenido de otros usuarios sin pedirles su permiso previo, pues esto se permite gracias a los términos y condiciones que hay en la web.

Hasta la inteligencia artificial más avanzada y cara tiene su propia marca de agua, y no hablamos de un logo que aparece en una esquina inferior o superior, hablamos del propio estilo y contenido que se muestra. Hasta la fecha es posible reconocer cuándo algo está hecho con inteligencia artificial y cuándo no, lo que de igual forma nos permite reconocer si es que hay un trabajo creativo detrás o simplemente se escribió un prompt y la máquina hizo el resto.

Solicitarle a la IA que te arme un afiche o un logo reduce costos y tiempos de producción. Si bien esto ha facilitado la vida a diferentes emprendedores, también ha provocado una disminución en la demanda de trabajo en tareas comerciales. Aquí es donde la preocupación de los artistas se vuelve tangible. Ella separa tajantemente la vocación del negocio. “Lo que sí creo es que representa un peligro para el mercado artístico. Yo separo estas dos cosas porque no necesariamente el arte tiene que estar en el mercado”, para ella, el riesgo real es que las personas prefieran pagarle a una máquina por inmediatez, aunque el artista siga creando por necesidad vital.

Más allá de los aspectos éticos y legales, el debate se vuelve filosófico. El arte es una manifestación de emociones y experiencias personales. ¿Cómo se espera que la inteligencia artificial, que es un ente sin emoción, dolor y alegría, pueda replicar el arte? Para Marcel Seguel, músico y estudiante de producción musical, delegar la creación a un algoritmo desvirtúa el propósito original de la obra. “El derivar tu arte a una herramienta sin que seas tú la persona que quiere exponer un sentimiento o historia ya comienza a sonar raro, al ser algo muy personal y sentimental mata toda la gracia del proceso de crear una canción”, asegura.

El riesgo, por tanto, no es solo la pérdida de empleos, sino la desvalorización del proceso artístico como expresión cultural. Si la sociedad llega a considerar que el resultado de un código vale lo mismo que una obra nacida de la sensibilidad humana, se pierde una piedra angular de nuestra cultura. Seguel es enfático al respecto: “La utilización de la IA en la música mata la iluminación y el alma de la canción en sí”.

Al final, si el arte sigue siendo una forma de comunicar lo que significa ser humano, siempre existirá una diferencia entre aquello que crea una persona y aquello que únicamente generan unos prompt en la computadora. “Tener paciencia, seguir creando, no asustarse y utilizarlo como una herramienta”, sugiere Paloma Amaya para los artistas, manteniendo siempre el control sobre el material y la emoción que ninguna máquina puede replicar.


Foto: por Diego Bunout

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