Este sábado 5 de septiembre, gran parte de Chile continental adelantó los relojes donde las 23:59 pasaron directamente a las 01:00, dando así la bienvenida a un nuevo ciclo de horario de verano, una decisión que contrasta con distintos entes científicos.
Agrupaciones médicas y científicas de enorme prestigio internacional, como la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM) y la British Sleep Society, han recomendado formalmente eliminar las transiciones estacionales y fijar de manera definitiva el horario estándar permanente, que en nuestro país equivale al horario de invierno. La justificación biológica es contundente.
Según explicó el doctor Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa, a El Desconcierto, la luz solar matinal es el estímulo de sincronización más potente que posee el cerebro, encargado de regular a través de señales lumínicas el descanso, la secreción de hormonas y el metabolismo en un período de 24 horas. Al adelantar los relojes y obligarnos a despertar en plena oscuridad, “estamos obligando al cuerpo a funcionar en un momento en que biológicamente aún está programado para seguir durmiendo”.
En la misma línea, el neurocientífico John Ewer, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencias de la Universidad de Valparaíso, aclaró para BioBioChile que el amanecer es el que determina el inicio del día para el cuerpo. Bajo el horario de invierno, al adelantarse la salida del sol, el organismo detiene antes sus procesos de reposo, lo que facilita que nos quedemos dormidos más temprano por la noche e incrementamos de forma natural las horas totales de sueño. Ewer recalcó que la privación crónica de sueño afecta directamente al sistema inmune, detallando que restar horas de descanso reduce de forma severa la efectividad de los linfocitos T, los cuales son esenciales para que nuestro cuerpo pueda combatir de forma eficaz a los agentes infecciosos.
Frente a esto, Lara Weed y el doctor Jamie Zeitzer de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford aclararon a través de una investigación matemática que mantener un único horario estable a lo largo del año reduce sustancialmente el estrés celular y la “carga circadiana” en comparación con cambiar los relojes dos veces al año. El modelo matemático determinó que, si bien congelar tanto el horario de invierno como el de verano aporta sustanciales mejoras frente al esquema actual, es el horario estándar permanente (invierno) el que beneficia a la inmensa mayoría de la población.
En el artículo, el doctor Zeitzer aclara la mecánica detrás de estos datos: “Cuando recibes luz por la mañana, esta acelera el ciclo circadiano. Cuando la recibes por la tarde, este se ralentiza”. Dado que el reloj humano biológico no mide exactamente 24 horas, la luz matinal es indispensable para marchar en perfecta armonía con el día solar.
Por otro lado, aunque el comercio o la recreación se benefician de las tardes largas, el estudio de Stanford recuerda que en el año 1974 Estados Unidos decretó de forma permanente el horario de verano. La medida tuvo que cancelarse de urgencia en menos de un año debido a las quejas masivas de padres de familia alarmados por enviar a sus hijos a la escuela en plena oscuridad invernal, demostrando que privar a la sociedad de luz al comenzar la jornada acarrea costos biológicos que se vuelven insostenibles.
La ciencia chilena y global coinciden en la misma recomendación, a pesar de que algunos aún dudan o consideran el horario de verano una mejor opción en materia de seguridad y ánimo al momento de aprovechar las horas del sol durante la tarde. Defendidos por el gobierno, que llama a “optimizar el uso de la luz natural y reducir el consumo de energía eléctrica” adelantando o retrasando relojes, sin tener en consideración el reloj biológico de quienes se ven afectados por los cambios.
