Viernes, Junio 5, 2026

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Violencia escolar: el fenómeno que preocupa a las comunidades educativas

La violencia en los colegios ya no es un tema hipotético, tras la tragedia ocurrida en un colegio en Calama y videos virales recientes de escolares en peleas, se ha abierto un debate urgente en torno a la creciente ola de violencia en contextos escolares en Chile y por qué esto parece ir en aumento.

Jimena Plaza es docente y representante legal de un colegio en Punta Arenas. “Siento que, a partir del año pasado, ha habido un aumento de la violencia, al menos en su frecuencia”, comenta. Existen muchos protocolos y normas en los colegios, entre ellos, mantener a todos sus funcionarios capacitados en convivencia escolar. Sin embargo, en palabras de Jimena: “nadie está preparado para enfrentarse a alguien con un cuchillo o pistola”.

“Los colegios somos un ente preventivo, no reactivo ni curativo”, agrega Jimena, explicando que si bien cuentan con psicólogos, orientadores y protocolos que van desde cómo abordar el bullying hasta la prevención del suicidio, no pueden ofrecer tratamiento psicológico o psiquiátrico a los alumnos. “Hay colegios que sí han contratado psiquiatras, pero eso me parece fuera de lugar, esa responsabilidad está en el Ministerio de Educación”. Además, Plaza asegura que, debido a la reforma educacional, la Ley de Inclusión y las normas del Ministerio de Educación, los colegios han perdido cierta autoridad. Como ejemplo, menciona la prohibición de revisar mochilas, una medida que podría ser útil para prevenir actos violentos o detectar el porte de objetos ilegales como drogas, armas blancas o de fuego.

Óscar Aguilera es el jefe de convivencia escolar del mismo colegio y aborda las posibles razones detrás de un acto de violencia en un establecimiento educacional. “Normalmente, la agresividad es una forma de manifestar desacuerdos, que pueden ir desde temas más severo como una respuesta al bullying, situaciones de la vida personal o desacuerdos con el gobierno de turno, hasta cosas simples como gustos o ideas. Esto es porque en una mente tan joven, inmadura, lo que va en contra de lo que uno piensa automáticamente es percibido como algo hostil”, asegura.

En cuanto al rol del docente, Aguilera afirma que más allá de las capacitaciones y de velar por la seguridad, “la mayoría de los protocolos son inaplicables”, ya sea porque son muy largos, demasiado detallados o porque, en algunos casos, pueden poner en riesgo la vida del docente. Jimena y Óscar concuerdan en que los colegios deberían implementar medidas de seguridad preventivas como cámaras de seguridad y revisión de mochilas, además de herramientas como Pulso Escolar, un software que mediante encuestas y sociogramas permite medir el ambiente escolar.

Desde el punto de vista psicológico, la psicóloga María José Breit explica que esta ola de violencia en escolares no tiene una sola causa, sino que responde a múltiples factores. Entre ellos, menciona la violencia en el hogar, traumas, dificultades en la regulación emocional y el aumento del ciberacoso en redes sociales, a las que muchos menores acceden sin supervisión adulta. Breit señala que, detrás de un adolescente violento, pueden existir situaciones más profundas, como trastornos de ira, impulsividad, baja autoestima o haber sufrido abuso o negligencia durante la infancia. Todo esto puede derivar en una necesidad de actuar de forma desafiante frente a la autoridad.

Breit afirma que las consecuencias psicológicas en un estudiante que sufrió algún tipo de violencia en la etapa escolar pueden ser graves, desde ansiedad, baja autoestima, problemas al socializar, mayor probabilidad de sufrir algún trastorno psicológico. “Incluso hay estudios que muestran que el bullying puede afectar el desarrollo cerebral”, agrega.

La violencia escolar es un fenómeno complejo que no puede explicarse desde una sola mirada. Los testimonios recogidos muestran que existe una combinación de factores educativos, sociales y emocionales que influyen directamente en estas conductas. Mientras los colegios intentan prevenir y contener, muchas veces no cuentan con las herramientas suficientes para enfrentar situaciones extremas. A esto se suman desafíos estructurales y la falta de apoyo integral desde otras instituciones. Lo ocurrido en Calama y el vídeo de los dos jóvenes peleando a golpes en San Antonio no solo evidencia una crisis, sino también la urgencia de prevenir y actuar.


Fotografía: Extraída de Diariopopular.com

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