La partida de Abraham Santibáñez deja una carencia difícil de llenar en el periodismo chileno. El periodista, escritor y Premio Nacional de Periodismo 2015, falleció el pasado 15 de junio a sus 88 años, cerrando una trayectoria de más de seis décadas marcadas por la búsqueda de la verdad y la defensa de la libertad de expresión, en la formación de nuevas generaciones de periodistas y comunicadores.
Nacido en Santiago en 1938, Santibáñez estudió periodismo en la Universidad de Chile. No obstante, para el profesional de las comunicaciones, su vínculo comenzó mucho antes, en el semanario La Voz del Arzobispado de Santiago. Desde ahí inició una carrera que lo llevaría a consolidarse como una de las figuras más respetadas del periodismo nacional como referente de la ética. Integró el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación de Chile y del Tribunal Nacional de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas en 2008.
Su paso por la revista Ercilla marcó una etapa fundamental de su desarrollo profesional, donde implementó la revista Hoy, medio escrito que se transformó en una referencia del periodismo independiente durante la dictadura militar. Y, en donde su labor como editor internacional y subdirector, impulsó la escritura y cobertura de un periodismo interpretativo, riguroso y comprometido con la comprensión profunda de la realidad.
Respecto de lo anterior, uno de los aspectos más relevantes de su legado fue su compromiso con la libertad de expresión en tiempos complejos. Santibáñez enfrentó la censura y represión, siendo uno de los pocos periodistas que contribuyeron a visibilizar las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Entre sus trabajos más recordados se encuentra la cobertura del hallazgo de los hornos de Lonquén en 1978, un episodio clave para la memoria histórica del país, donde se visualizaron por primera vez los restos físicos de detenidos desaparecidos.
Para el profesor de ética de UGM Advance, Rodolfo Nieto Maturana, la figura de Abraham Santibáñez fue clave en la evolución del periodismo chileno durante las últimas décadas. El académico destaca que el Premio Nacional de Periodismo ocupó un puesto relevante en los últimos 50 años del periodismo nacional, debido a su gran aporte como renovador de las prácticas periodísticas al introducir el modelo interpretativo en lo que fue la reformulación de la revista Ercilla.
Nieto sostiene que la muerte de Santibáñez deja un gran vacío, ya que: “no se ven hoy en día personas o profesionales que levanten la bandera de la ética y el rol relevante que cumple el periodismo en una sociedad”. En este sentido, afirma que la partida del periodista marca el fin de una generación que defendió, incluso en contextos de persecución, exilio, tortura y muerte, principios fundamentales como los derechos humanos, la libertad de expresión y el derecho de la ciudadanía a estar informada.
Pablo Vildósola, quien es periodista y académico de la Universidad Diego Portales, conoció a Santibañez hace casi 60 años debido a que fueron colegas de trabajo. Por esta razón, puede vivenciar de manera cercana la calidad humana y profesional del ya fallecido periodista. “Pienso que Abraham Santibáñez Martínez fue alguien con profundos valores humanos, como su bonhomía, responsabilidad, calidad profesional, trato amable y un gran respeto por las personas, sin importar su condición social, económica, religiosa u opciones de vida”, señala. También destaca la vida familiar que construyó junto a su esposa, Ana María Allendes, y sus hijos, José Miguel y María Paz.
Quienes compartieron espacios profesionales y académicos con Santibáñez coinciden en que la ética y la introducción al periodismo interpretativo fueron los pilares fundamentales de su carrera. En ese sentido, Vildósola recuerda una reflexión del ya fallecido periodista Emilio Filippi, respecto de la dificultad de alcanzar la objetividad y la ética absolutas en el ejercicio profesional del periodismo, en lo que para él, sin duda, Santibáñez es una excepción a esa regla. “Puedo afirmar que ha sido uno de los periodistas más objetivos y éticos que he conocido”, recuerda.
Hoy, cuando la credibilidad de los medios enfrenta nuevos desafíos, las enseñanzas de Santibáñez continúan interpelando a quienes ejercen la profesión. En un ecosistema mediático marcado por la inmediatez, la abundancia de información y la creciente circulación de noticias falsas, el legado de Abraham Santibáñez adquiere gran importancia. Su trayectoria no solo dejó huella en las redacciones, aulas o espacios de reflexión pública, sino también en la convicción de que el periodismo debe ejercerse con rigor, independencia y un compromiso permanente con la verdad.
Su partida marca el fin de una generación que entendió el periodismo como un servicio público y una herramienta fundamental para la defensa de los derechos humanos y la democracia. “Siempre colocó en el centro de la discusión la ética, entendida como el principal elemento diferenciador de la calidad del periodismo”, destaca Rodolfo Nieto, por lo que asegura que su presencia en foros, debates públicos y cartas al director será profundamente extrañada.
Foto: Extraída de UdeChile.cl

